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Aceptando y descartando ideas

Seguro a muchos de ustedes alguna vez los han tildado de escépticos (espero no ser el único 😉 ) , y no está mal que lo hagan pero a veces se pone feo cuando piensan que somos totalmente escépticos y no creemos en nada. En cierta forma podría definirme como un escéptico parcial, ya que no creo muchas cosas que parte de la sociedad sí cree, pero también acepto y escucho nuevas ideas con buenos fundamentos que a veces hacen reflexionar y cambiar nuestros puntos de vista en ciertos temas.

Por eso me pareció bueno, dejarles unos excelentes párrafos que pertenecen al artículo “La carga del escepticismo” escrito por Carl Sagan hace mas de 20 años, el cual recomiendo que lean.

Me parece que lo que se necesita es un equilibrio exquisito entre dos necesidades conflictivas: el mayor escrutinio escéptico de todas las hipótesis que se nos presentan, y al mismo tiempo una actitud muy abierta a las nuevas ideas. Obviamente, estas dos maneras de pensar están en cierta tensión. Pero si sólo puedes ejercitar una de ellas, sea cual sea, tienes un grave problema.

Si sólo eres escéptico, entonces no te llegan nuevas ideas. Nunca aprendes nada nuevo. Te conviertes en un viejo cascarrabias convencido de que la estupidez gobierna el mundo. (Existen, por supuesto, muchos datos que te apoyan.) Pero de vez en cuando, quizá uno entre cien casos, una nueva idea resulta estar en lo cierto, ser válida y maravillosa. Si tienes demasiado arraigado el hábito de ser escéptico en todo, vas a pasarla por alto o tomarla a mal, y en ningún caso estarás en la vía del entendimiento y del progreso.

Por otra parte, si eres receptivo hasta el punto de la mera credulidad y no tienes una pizca de sentido del escepticismo, entonces no puedes distinguir las ideas útiles de las inútiles. Si todas las ideas tienen igual validez, estás perdido, porque entonces, me parece, ninguna idea tiene validez alguna.

Algunas ideas son mejores que otras. El mecanismo para distinguirlas es una herramienta esencial para tratar con el mundo y especialmente para tratar con el futuro. Y es precisamente la mezcla de estas dos maneras de pensar el motivo central del éxito de la ciencia.

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